Tu Eres.
“Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.” (1 Juan 5:19).
Jesús mismo afirmó que este mundo se encuentra bajo el dominio del maligno, bajo las sombras del adversario, del anticristo que se opone a la verdad y a la luz.
Pero antes de comprender la magnitud de esta revelación, debemos definir qué significa ser Cristo. Cristo no es solo un nombre, es un título eterno, el reconocimiento de que un cuerpo de materia puede ser habitado por Dios mismo, gobernado por la consciencia crística, por el Absoluto. Se manifiesta en acciones, en hazañas, en la manera en que la divinidad se expresa a través de la carne. Así como el ave fue creada para volar, el ser humano fue creado para ser Cristo, para reflejar la presencia divina en su existencia.
Por eso, cualquiera que te diga que no eres Cristo, que intente reducirte a polvo o hacerte olvidar tu herencia sagrada, representa al anticristo. Ese espíritu se opone a tu verdadero destino, se levanta contra tu libertad y contra tu luz. Pero la verdad es inmutable: tú eres Cristo, llamado a resplandecer, llamado a elevarse por encima del mundo que yace bajo el maligno. Reconocerlo es el primer paso hacia la victoria y hacia la liberación de toda esclavitud.